La gestión efectiva de la banca es fundamental en cualquier torneo de casino. A diferencia del juego recreativo, los torneos requieren una estrategia matemática rigurosa para maximizar las oportunidades de avanzar a las rondas finales.
El primer principio es establecer un presupuesto específico para el torneo. Este presupuesto debe ser una cantidad que el jugador pueda permitirse perder sin afectar su situación financiera personal. Una regla común entre jugadores profesionales es que la banca de torneo no debe exceder el 5-10% de la riqueza total disponible.
La distribución de fichas en las primeras rondas es crítica. Los jugadores experimentados mantienen una posición moderada durante los niveles de apuestas bajas, acumulando fichas gradualmente. Esto permite sobrevivir a las variaciones normales de la suerte (varianza) sin ser eliminados prematuramente. El objetivo es llegar a las mesas finales con suficientes fichas para competir activamente.
Durante las etapas intermedias, la agresividad aumenta proporcionalmente al crecimiento de los ciegos (apuestas obligatorias). Un jugador que ha duplicado su banca inicial puede permitirse tomar más riesgos calculados. Sin embargo, esta agresividad debe basarse en probabilidades, no en emociones.